Jamás contemplaron mis ojos
pupilas tan radiantes...como el fuego,
ni sintieron mis labios calor
tan intenso como el de tus dulces besos.
Nunca había vivido antes
un cariño tan inmenso
y mi amor renace hoy, para alejarme
de este cruel y desmesurado infierno.
Y si el brillo de tus ojos me serena
y el calor de tu boca me provoca
logrando que al fin, libre, me sienta prisionero.
¿Qué no podrá comprar tu alma tan hermosa?
Y si es verdad que hay historias milagrosas
que rompen la estructura de las reglas,
te ruego...no vayas a alejarte de mi lado
para no volver a caer en las tinieblas.
Autor: Jorge Horacio Richino - Buenos aires 5 de
febrero de 2008 - Todos los derechos reservados.
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